Tuesday, August 5, 2014

La Danza de las Nubes

La Danza de las Nubes
Autora:  Teresa Cardona Lastra


Mirad hombres sabios!  Qué interesantes figuras presentan las nubes sobre el cielo despejado en un día de verano o cuando corriendo, van cubriendo la inmensidad del paisaje en su afán por cumplir con su misión de anunciarnos que pronto lloverá.  Sí, también pasan el tiempo subiendo o bajando las montañas o las grandes alturas, en un juego fantasioso que solo ellas puedan hacer.

Qué grandes misterios encierran estas nubes!  Qué espectáculos más soberbios nos brindan sus interminables danzas de mil y mil facetas!  Pues mira, si quieres siéntate aquí junto a mí, sobre esta piedra majestuosa, en este valle de clarísimo verdor y flores tan fragantes que inundan a uno con su mágico contraste para decirnos que estamos vivos y que la naturaleza se alegra de que nos emocionemos por ella, porque nada más grato que saber del agrado de los demás cuando realizamos nuestra obra, nuestro quehacer cotidiano.

Si por un momento cerraras tus ojos y permitieras dar paso a tu fantasía, no sería tan emocionante como mirar con los ojos del alma y del cuerpo la hermosa bondad que Dios nos obsequia para recreación de nuestros sentidos…

Pon atención en cada uno de los movimientos y de las formas de esta masa de agua condensada y reflexiona sobre esta flexibilidad para desplazarse de un sitio a otro; de este color tan característico, tomando diferentes tonalidades según lo que quiere comunicar y el hecho de estar ahí, justamente encima de nuestras cabezas y cuerpos y permitir transformarse para venir a nosotros como agua  bienhechora, para luego volver a su estado de nube y seguir danzando al compás del tiempo.

Es todo un ritmo natural que también cumplimos nosotros, porque vamos sufriendo transformaciones a través del tiempo:  en primavera nacemos y pasamos por mil fases para adquirir conocimiento y destreza, luego llega el verano, cuando es necesario quemar ciertas etapas  para fortificarnos y hacernos duros para recibir los golpes venideros, pero suaves y cálidos para transmitir y recibir el amor, como quien guarda las provisiones para un camino incierto y busca después refugio en aquello que ha construido, y así, llega el otoño, con sus bruscos vientos y lloviznas, pero como seres prudentes hay un lugar tranquilo para vivir y compartir el alimento.

Es el saber que después de este trabajo arduo llegaremos a una etapa de sosiego como sería el invierno, cuando tendremos que esperar que otros fertilicen la tierra para verla renacer y sentiremos entonces alegría de ver sólidas nuestras casas, sin goteras ni humedad y las de nuestros familiares y vecinos también, porque todos hemos contribuido al bienestar común:  es la verdadera satisfacción por la realización de nuestros actos.

Qué día más hermoso!  Parecen decir los pajaritos con su suave trinar y los capullos de rosas brotan con tanta viveza como queriendo participar de este momento.  Ah!  Y qué decir de nosotros aquí recostados, admirando tan bella escena?  Quién no daría un poco de su tiempo o de cuanto tiene por venir y tener este diálogo con nuestros amigos de la naturaleza?  Si, ven! Acércate un poco más y sentémonos ahora sobre esta verde alfombra y transportémonos con nuestra imaginación a esos sitios cristalinos como el agua y dulces como la miel que tenemos aquí, muy dentro de nosotros y dejemos que aparezcan en ella cada una de estas formas de nubes.  Porque sabes algo?  Son tan dóciles las nubes y tan humildes en su danzar que permiten y aceptan que nosotros expongamos nuestras quimeras sobre ellas  y las veamos dibujadas en sus contornos.

Qué cielo más azul y qué nubes más radiantes  ahora bañadas por un rayo de sol refulgente, que aunque penetra con fuerza no daña ni una sola partícula de su consistencia, antes bien la adorna y le proporciona una belleza singular.

Ves como se colaboran estos amigos?  No trabajan solos, ni se deleitan a escondidas; permanecen activos, proporcionándose lo mejor de sí para felicidad de todos.

Ahora el día está llegando a su reposo y entra la noche con su envolvente penumbra y corren las nubes como buscando refugio, desplazándose por doquier de arriba hacia abajo y hacia los lados en finísima tela blancuzca, que en ocasiones es de tanta transparencia que permite mirar lo que ocultan en su interior.

Al amanecer es todo ilusión, salen las nubes muy tempranito como coqueteándole a la aurora e inician su trabajo diario de anunciarnos el tiempo.  Pronto bajan con tanto afán que se atropellan unas contra otras, es como ser la primera en llegar y profundizar, no con ánimo de ganarle a las demás sino para explorar el terreno y abrirle camino a las siguientes.  Qué trabajo en equipo tan coordinado y organizado…  y una vez que han descendido tanto y llegado a sus niveles más bajos, piden ayuda al sol para que con su aliento caliente puedan ascender hasta la majestad de los cielos; porque al igual que nosotros, seres de la naturaleza,  llega un punto en nuestra carrera por la vida en que necesitamos de una mano bondadosa que nos ayude a levantarnos de nuestra caída o descenso por el valle.

Hombres sabios, no solo en los libros aprendes el conocimiento, también lo hallarás en tu labor; por eso, al igual que las nubes corre y busca tu quehacer por la vida, sin olvidar que dentro de ti habita el néctar del existir y la bondad para compartirla.

Teresa Cardona
Bogota, Marzo 3 de 1983




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