La Danza de
las Nubes
Autora: Teresa Cardona Lastra
Mirad hombres sabios!
Qué interesantes figuras presentan las nubes sobre el cielo despejado en
un día de verano o cuando corriendo, van cubriendo la inmensidad del paisaje en
su afán por cumplir con su misión de anunciarnos que pronto lloverá. Sí, también pasan el tiempo subiendo o
bajando las montañas o las grandes alturas, en un juego fantasioso que solo
ellas puedan hacer.
Qué grandes misterios encierran estas nubes! Qué espectáculos más soberbios nos brindan
sus interminables danzas de mil y mil facetas!
Pues mira, si quieres siéntate aquí junto a mí, sobre esta piedra
majestuosa, en este valle de clarísimo verdor y flores tan fragantes que
inundan a uno con su mágico contraste para decirnos que estamos vivos y que la
naturaleza se alegra de que nos emocionemos por ella, porque nada más grato que
saber del agrado de los demás cuando realizamos nuestra obra, nuestro quehacer
cotidiano.
Si por un momento cerraras tus ojos y permitieras dar
paso a tu fantasía, no sería tan emocionante como mirar con los ojos del alma y
del cuerpo la hermosa bondad que Dios nos obsequia para recreación de nuestros
sentidos…
Pon atención en cada uno de los movimientos y de las
formas de esta masa de agua condensada y reflexiona sobre esta flexibilidad
para desplazarse de un sitio a otro; de este color tan característico, tomando
diferentes tonalidades según lo que quiere comunicar y el hecho de estar ahí,
justamente encima de nuestras cabezas y cuerpos y permitir transformarse para
venir a nosotros como agua bienhechora,
para luego volver a su estado de nube y seguir danzando al compás del tiempo.
Es todo un ritmo natural que también cumplimos
nosotros, porque vamos sufriendo transformaciones a través del tiempo: en primavera nacemos y pasamos por mil fases
para adquirir conocimiento y destreza, luego llega el verano, cuando es
necesario quemar ciertas etapas para
fortificarnos y hacernos duros para recibir los golpes venideros, pero suaves y
cálidos para transmitir y recibir el amor, como quien guarda las provisiones
para un camino incierto y busca después refugio en aquello que ha construido, y
así, llega el otoño, con sus bruscos vientos y lloviznas, pero como seres
prudentes hay un lugar tranquilo para vivir y compartir el alimento.
Es el saber que después de este trabajo arduo
llegaremos a una etapa de sosiego como sería el invierno, cuando tendremos que
esperar que otros fertilicen la tierra para verla renacer y sentiremos entonces
alegría de ver sólidas nuestras casas, sin goteras ni humedad y las de nuestros
familiares y vecinos también, porque todos hemos contribuido al bienestar
común: es la verdadera satisfacción por
la realización de nuestros actos.
Qué día más hermoso!
Parecen decir los pajaritos con su suave trinar y los capullos de rosas
brotan con tanta viveza como queriendo participar de este momento. Ah! Y
qué decir de nosotros aquí recostados, admirando tan bella escena? Quién no daría un poco de su tiempo o de
cuanto tiene por venir y tener este diálogo con nuestros amigos de la
naturaleza? Si, ven! Acércate un poco
más y sentémonos ahora sobre esta verde alfombra y transportémonos con nuestra
imaginación a esos sitios cristalinos como el agua y dulces como la miel que
tenemos aquí, muy dentro de nosotros y dejemos que aparezcan en ella cada una
de estas formas de nubes. Porque sabes
algo? Son tan dóciles las nubes y tan
humildes en su danzar que permiten y aceptan que nosotros expongamos nuestras
quimeras sobre ellas y las veamos
dibujadas en sus contornos.
Qué cielo más azul y qué nubes más radiantes ahora bañadas por un rayo de sol refulgente,
que aunque penetra con fuerza no daña ni una sola partícula de su consistencia,
antes bien la adorna y le proporciona una belleza singular.
Ves como se colaboran estos amigos? No trabajan solos, ni se deleitan a
escondidas; permanecen activos, proporcionándose lo mejor de sí para felicidad
de todos.
Ahora el día está llegando a su reposo y entra la
noche con su envolvente penumbra y corren las nubes como buscando refugio, desplazándose
por doquier de arriba hacia abajo y hacia los lados en finísima tela blancuzca,
que en ocasiones es de tanta transparencia que permite mirar lo que ocultan en
su interior.
Al amanecer es todo ilusión, salen las nubes muy
tempranito como coqueteándole a la aurora e inician su trabajo diario de
anunciarnos el tiempo. Pronto bajan con
tanto afán que se atropellan unas contra otras, es como ser la primera en
llegar y profundizar, no con ánimo de ganarle a las demás sino para explorar el
terreno y abrirle camino a las siguientes.
Qué trabajo en equipo tan coordinado y organizado… y una vez que han descendido tanto y llegado
a sus niveles más bajos, piden ayuda al sol para que con su aliento caliente
puedan ascender hasta la majestad de los cielos; porque al igual que nosotros,
seres de la naturaleza, llega un punto
en nuestra carrera por la vida en que necesitamos de una mano bondadosa que nos
ayude a levantarnos de nuestra caída o descenso por el valle.
Hombres sabios, no solo en los libros aprendes el
conocimiento, también lo hallarás en tu labor; por eso, al igual que las nubes
corre y busca tu quehacer por la vida, sin olvidar que dentro de ti habita el
néctar del existir y la bondad para compartirla.
Teresa Cardona
Bogota, Marzo 3 de 1983